SOBRE FACEBOOK

Facebook no es más que uno de los muchos ejemplos de cómo las grandes empresas tecnológicas trabajan por y para intereses corporativos y políticos y no para sus clientes y consumidores.
El ciudadano ante estas empresas, ha pasado de ser consumidor a ser un mero bien de consumo. Sí. Lo importante no es lo que hace el usuario de Facebook, sino el aprovechamiento económico que se puede hacer de él. Así el capital más importante de Facebook, no es su tecnología o su capacidad para vender anuncios, sino su capacidad para manejar los datos privados de las cuentas de sus usuarios. Así venden nuestro perfil, nuestras preferencias comerciales, nuestras ideologías políticas o religiosas, pero también nuestros hábitos y nuestros rasgos faciales.
No se nos escapa que las policías del mundo no han tenido que hacer un llamamiento para recoger nuestros rasgos faciales para poder identificarnos con cualquier cámara callejera, sino que han podido acceder a ello a través de las redes sociales, gracias a “datos” que hemos ido regalando sin saber.
El negocio se redondea cuando se permite este tipo de comportamiento cuasi delictivo -o descaradamente criminal-, a cambio de favores. Y es así como por intereses políticos o sociales, las empresas tecnológicas espían y bloquean cuentas de usuarios apropiándose de sus datos, limitando la libertad de expresión o manipulando a la “opinión pública” con noticias cocinadas para marcar a las ovejas blancas y las negras.
Como apuntaba antes, lo último son los ciudadanos y sus derechos. La dignidad, la intimidad, la libertad de expresión de los ciudadanos queda en manos de mercenarios al servicio de la política y el control social.
El Sr. Pàmies no es la primera y la única víctima de Facebook, Google, Youtube, Wikipedia o Twitter. Ni lo será. Como tampoco será el principal perjudicado de la cancelación de su cuenta, pues deja miles de fieles seguidores huérfanos y privados de contacto. Bienvenidos al presente distópico del totalitarismo y del control.
Internet lleva a pleno funcionamiento casi 30 años. Algunos recordamos los primitivos router y protocolos de conexión del principio. Para los pioneros, era un mundo de libertad y posibilidades que enseguida ha querido ser controlado por los gobiernos, al principio a través de los proveedores de acceso y en la actualidad a través de las redes sociales y la administración electrónica. Para ello articularon un concepto infumable que se llama “neutralidad de la red”, es decir un sistema único para todos de sencillo control por el Gobierno y sus agentes.
Mediante este sistema uno solo puede sobrevivir si es buen chico. Si no cumples con las exigencias de la corrección política, el castigo es la muerte digital, la censura más brutal, la desaparición de las redes.
Sí. Es un sistema inquisitorial donde el discrepante merece la muerte inmediata sin juicio y sin defensa. Situación en la que se encuentra el Sr. Pàmies y otros muchos.
Frente a esta situación, muchos somos los que hemos alzado la voz contra la “neutralidad de la red” y hemos luchado por un internet libre, sin control, donde cada uno pueda crear espacios que compartir sin ningún tipo de restricción, algo que no conviene al Gobierno, obsesionado primero porque no existan intercambios de dinero o bienes de todo tipo que no pueda controlar, pero tampoco de ideas, ni de creencias, ni de esperanzas.
Es por ello por lo que algunas personas se han ido adelantando a los acontecimientos y han generado nuevas formas de conectarse a internet: plataformas y correos encriptados, canales de vídeo anticensura, podcast, e incluso sistemas máscara VPN o navegadores para acceso a “otras” capas de internet, donde como en todo, se cuecen cosas buenas y malas. Sin todo esto, proyectos tan conocidos como “wikileaks” o el “consorcio de periodistas contra la corrupción” no habrían llegado al público.
Conviene hacer la reflexión de si no debemos empezar a cambiar nuestros hábitos de uso de internet y empezar desde ya mismo a protegernos de Gobiernos, proveedores de internet y redes sociales.
Al Sr. Pàmies le han cancelado la cuenta de Facebook y han cercenado su libertad de expresión castigándole con la muerte digital. A los demás nos han privado de nuestro derecho a la información veraz condenándonos a permanecer en el redil donde el pastor -el gobierno- se ayuda de perros pastores -medios y medias-, para asegurar que ninguna de las ovejas -nosotros- se marche, sin dejar leche, lana o carne. Al gobierno le molesta que las ovejas sueñen con la libertad y los pastos frescos donde consumir cualquier tipo de hierba, con clorito o sin él.