Recuperación de dedo congelado con Quilcha Malis

La Quilcha Malis (Quinchamalium chilense) se usa para un montón de cosas, entre otras, heridas en humanos y animales. Mi esposa, que es Médica Infectóloga Pediatra, se interesó desde hace unos años en la fitoterapia y otras ramas de la medicina natural, recabando información por internet y sobre todo preguntando a gente linda y sabia que hemos conocido viajando por nuestro hermoso país. En el 2011 escalamos el Aconcagua y llegamos a Nido de Cóndores (a 5.660 metros de altitud). Allí se desató una tormenta que duró 8 días con temperaturas de -22º  y, luego de atender a varios congelados, hipotérmicos y deshidratados en el refugio, bajamos a buscar las provisiones,  que habían quedado en el campamento base. A los 4.400 m, para volver a subir y al sacarse los guantes encontramos que la primera falange del dedo medio izquierdo estaba negra y congelada. Era el dedo que usaba para tomar el pulso y por supuesto lo hacía sin guantes, tremendo error.

 

Bajamos a 2.700 metros de altura y fuimos a ver a los arrieros que nos acompañaron a juntar varitas, hojas y flores de quilcha malis. Preparamos una infusión con esta planta y sumergió el dedo en la taza. Al segundo té, el mismo día, que repetimos esta operación comenzó a verse una línea marrón de un milímetro de ancho, en la articulación de la primer falange. Evolucionó rápidamente, en un mes del negro pasó al marrón. Se iba poniendo marrón desde el cuerpo hacia la punta del dedo y se peló en 20 días más.

 

Al cabo de unos días nos fuimos de paseo al Sur de Mendoza y allí juntamos Jarilla y la agregamos a la quilcha para la infusión del baño del dedo. La frecuencia de la infusión era tres a cuatro veces por día y la ceremonia duraba 10 minutos. No había dolor y se iba descascarando.

 

Al regresar al hospital y ver cuanto había mejorado, sin tomar absolutamente nada de los medicamentos alopáticos recetados, sucedió lo de siempre en estos casos: le recomendaron un año de reposo, sin ascensiones, ni natación en aguas frías, ni exposición al frío. En el 2012 volvimos al Aconcagua y a los siete Volcanes más altos del mundo, sin ningún problema.  Finalmente, no perdió el dedo ni la sensibilidad.

 

Elizabeth y Guillermo Ciciliani

Marzo 2013

maresyvolcanes@hotmail.com