Cáncer de piel – Barcelona

Me llamo María Antonia Navarro, tengo 49 años (enero 2017) y vivo en Sant Cugat del Vallés.
Hace unos años me diagnosticaron cáncer de piel. Todo empezó con una especie de burbujita que me salió en el hombro. Llamó mi atención porque empezó a picar mucho y crecer muy rápido. Fui a tres dermatólogos y todos coincidieron en el diagnóstico y en que se tenía que extirpar.

Antes de la operación, supe de los beneficios de las semillas de albaricoque. Encontré en diferentes blogs y webs que era un potente anticancerígeno y que debía tomar 3 semillas cada hora. Así lo hice. Tomé 3 semillas muy masticadas y ensalivadas cada hora. Leí también que, como preventivo podías tomar 6 semillas al día. Como tenía programada la operación no la anulé. Me operaron y, después de la operación y confirmado el diagnóstico al analizar me dijeron que no es un cáncer que haga metástasis, pero sí que era incurable y que irían saliendo más. Lo que si vieron es que estaba en recesión.

Dos años después volvió a salir otro. Esta vez fui de nuevo al dermatólogo y me dijo de hacer una biopsia, pues tenía un buen tamaño (medio centímetro) e iba creciendo con mucha alegría. Esta vez, como ellos ya sabían qué era, me dijeron que seguramente lo quemarían.

Yo por mi parte empecé de nuevo a tomar las semillas de albaricoque y a hacerme cataplasmas con las semillas encima del bultito. Para el cataplasma masticaba una o dos semillas y me las apliqué directamente en el tumor hasta que quedase totalmente cubierto. Le añadía encima una gotita de aceite esencial de clavo. El resultado fue que en unas semanas ya casi no quedaba nada. Cuando volví al dermatólogo, asombrado, me dijo que entonces es que no sería maligno. Yo sé que sí lo era, pues esa cataplasma la había puesto también sobre un nevus benigno y no desapareció ni cambio de forma. Estaba exactamente igual.
Después de unas cinco semanas mi piel estaba perfecta.

A partir de esos resultados he seguido haciendo lo mismo con todos los que me han ido saliendo. El cataplasma, dependiendo de dónde esté el tumor, lo dejo secar o lo cubro con una tirita. Es curioso comprobar que si el tumor es maligno, al poco tiempo (segunda o tercera aplicación) empieza a picar y a irritarse. No hay que tener miedo. Hay que seguir adelante. A veces sangra un poco, otras se reseca o se expande. Al final acaba poniéndose rojo, se hace una costra y cae. Si cayendo la costra sigue picando, hay que seguir porque, si lo dejamos, crece rápidamente. Al final no queda nada. Miras y tocas la piel y como si no hubiese habido nada. Da la sensación que cuando escuece va bien. Lo he probado con lunares o tumores benignos y ni se inmutan.
Si el tumor no es muy grande con menos semillas al día (3 semillas unas 5 veces al día) podría ser suficiente. Hay que observarse.
Como casos, conozco un señor que tiene parada una metástasis en el pulmón, él no tiene dientes y se las tritura y se las come muy ensalivadas. Otro que se curó de un cáncer que ya había sido operado y se había reproducido en su oreja (en tres meses sanó).

Un día me asusté al leer en internet que son peligrosas porque contienen cianuro, pero el perro de una amiga de 29 kg se tomó 200g de una vez y el animal empezó al poco a buscar un rincón para morirse, pero al rato, ya en el veterinario empezó a reaccionar, a levantar la cabeza y mover la cola. Sólo le recetaron algo para limpiar los intestinos, pero ni se lo tomó, pues estaba perfectamente.
Así que acabé por no tener miedo y consumirlas con las dosis correctas.

María Antonia Navarro
gosiblau@gmail.com
Sant Cugat del Vallés (Barcelona)