Cáncer de cérvix estadio IV

Me llamo Leonardo, tengo 44 años (agosto 2016) y resido en Barcelona. Deseo contarles lo que ha vivido mi madre de 72 años. A finales de abril de 2015 le hicieron una biopsia y tomografía diagnosticándole un cáncer de cérvix estadio IV. El cáncer se había extendido a los pulmones, pelvis y colon. Le dijeron que le aplicarían 7 sesiones de quimioterapia paliativa, ya que el cáncer cervical que se diagnostica en esta etapa es, con frecuencia, muy difícil de tratar y sólo un mínimo de las pacientes logra sobreponerse. Nos dieron una esperanza de vida de 1 año. El estado mental y físico de mi madre era muy malo. Físicamente tenía las piernas, vagina y ganglios muy inflamados. Realmente estaba muy mal.

Afortunadamente, en esa misma semana, alguien compartió un enlace en las redes sociales acerca de la Artemisia Annua y el cáncer. Investigué por internet y encontré una lista de publicaciones científicas de los efectos de la Artemisia y su analogía con el cáncer. Leí algunas que realizaron en la universidad de Washington donde explican claramente resultados positivos con estadísticas (http://www.washington.edu/news/2011/04/04/high-dose-of-oxygen-enhances-natural-cancer-treatment/). Después busqué dónde comprarla y cómo tomarla, y terminé leyendo todo lo que se publica sobre la Kalanchoe y Artemisa en la web de la Dolça Revolució y en el blog del señor Josep Pàmies. Para mi fortuna, ahí también tienen publicado los contactos de la gente que las cultiva en América Latina. Inmediatamente contacté con la gente de México que es donde vive mi madre. Conseguimos la Kalanchoe y la Artemisia Annua fresca sin problemas y, también por internet, compramos extracto de Artemisia Annua en pastillas de 400mg.

Mi madre comenzó a principios de mayo de 2015 con la quimioterapia paliativa. Le programaron una quimio cada 3 semanas hasta completar un total de 7 y después le harían un nuevo diagnóstico. Nosotros, al ver el estado físico y emocional de mi madre, y nuestra desesperación, decidimos que tomaría 1 litro de té de Artemisa Annua (preparado con 6 hojas frescas) y que comería 3 hojas de kalanchoe diariamente. Todo esto durante el tiempo que ella aguantara, ya que no perdíamos nada y podríamos ganar mucho. La meta era mejorar la calidad de vida de mi madre. Ella puso mucha atención en su alimentación, prácticamente dejo de comer carne roja y se dedicó a comer verduras cocidas al vapor y fruta.

Después de las primeras 4 químios (finales de julio 2015), había tenido todos los efectos secundarios de la quimio y cierto hastío hacia la Kalanchoe. Pero, positivamente, ya tenía los ganglios desinflamados y sus piernas tenían un aspecto casi normal, además, su estado de ánimo mejoró muchísimo. Se notaban los resultados muy positivos. En estas fechas decidió hacer una pausa de la Kalanchoe durante 4 semanas, pero siguió tomando la Artemisa, esta vez en pastillas, 800mg diarios (2 cápsulas). Al terminar estas 4 semanas, retomó el Kalanchoe y la Artemisia en té. A finales de octubre (2015) volvió a hacer una pausa de 4 semanas de la kalanchoe y continuó con la Artemisia en pastillas. Para esas fechas su estado de ánimo era más que normal, se sentía muy bien y ya podía hacer una vida normal, iba sola al supermercado y hacía tareas del hogar. Estas eran las pruebas de que todo estaba saliendo bien y que su calidad de vida mejoraba.

En noviembre de ese mismo año, terminó con las químios y le hicieron finalmente el nuevo estudio para hacer un nuevo diagnóstico. Para sorpresa de todos nosotros y de los doctores, los tumores del pulmón, pelvis y colón habían desaparecido por completo. Además, el tumor del útero se había reducido a un 30% con respecto a su tamaño original. Los doctores dijeron que era un caso único y que no habían visto algo igual, la felicitaron y preguntaron en dos ocasiones si estaba tomando algún tratamiento alternativo a la quimio. En ese momento mi madre no quiso comentar nada sobre las plantas. Los doctores al ver su nueva situación, la dejaron descansar 2 meses y le programaron 25 radioterapias para febrero. Terminó las 25 radioterapias (marzo 2016) y le propusieron aplicarle 3 braquiterapias (abril 2016), una cada semana. Así fue. Mi madre siguió tomando las mismas cantidades de té y de kalanchoe durante ese tiempo. Finalmente, le hicieron 2 últimos diagnósticos, en mayo y julio (2016). En ambos vieron que todos los tumores desaparecieron completamente. Está limpia. Sorprendidos los doctores, la felicitaron y volvieron a decirle que no habían visto un caso como el suyo, casi como un milagro.

Le han dado el alta y ahora cada 6 meses tiene que hacerse un papanicolau para control. Mi madre se ha recuperado en un año de forma espectacular, tanto emocional como físicamente. La combinación de las plantas medicinales y los tratamientos del hospital, han ayudado a que mi madre salga adelante. También hay que tener muy en cuenta, que el esmero, disciplina, fe en las plantas y ganas de vivir, han jugado un papel vital en la recuperación. Espero que este relato motive a probar el beneficio de las plantas medicinales. Y gracias a todos los que han participado de alguna forma en este sitio web de divulgación.

Leonardo Canseco

trounz@yahoo.com

Barcelona