Linfoma No Hodgkin células B

Me llamo Sofía, tengo 36 años (enero 2017) y vivo en Madrid. En junio de 2010, con 29 años de edad, me diagnosticaron un Linfoma No Hodgkin de células B, con alto grado de agresividad, y un tumor que los médicos describieron como "enorme, del tamaño de una naranja" en mi pulmón derecho.

La situación era muy grave, eso me dijeron desde el principio. "Estás fatal, tía, vete directa de aquí al hospital, ni pases por tu casa, ya hemos avisado a tu médico" fueron textualmente las primeras palabras que recibí, cuando me hicieron unos rayos-X del pulmón en el ambulatorio, antes de que se supiese aún qué me sucedía exactamente. A mi familia, ya en el hospital, les avisaron de que se preparasen para todo, puesto que yo ingresé un 10 de junio y a ellos les dijeron que yo posiblemente no llegaría a vivir para finales de aquel mes.

Aun así, comenzó a dárseme una quimioterapia que parecía ser muy buena, lo mejor y lo más innovador, para los linfomas de mi tipo, un CHOP-R. Había que esperar a ver cómo reaccionaba aquella quimio en mi cuerpo. De funcionar, las probabilidades de recuperarme podían ser altas, eso dijeron.

Los síntomas que manifesté: Tos persistente desde hacía seis meses (tuve un catarro en Navidades... que yo pensaba no acababa de curarse), sudores profusos nocturnos (hasta tener que cambiar las sábanas por completo tres veces en una noche, pero nunca lo relacioné con la tos, y no sucedía siempre), pérdida de apetito y pérdida de peso, la sensación de una contractura enorme en el omoplato, como si tuviese un puñal clavado todo el tiempo en la espalda. En una ocasión, intenté estirarme en el suelo haciendo unos ejercicios, pero me dio un dolor tan fuerte de repente que tuve que parar de inmediato el ejercicio. Pensé en ir a urgencias aquel día, pero me dolía tanto que no podía moverme. Aquella noche apenas pegué ojo, pero al día siguiente o en algún momento el dolor había cesado o ya no era tan fuerte. Solo fui al médico un día, cuando subiendo una pequeña calle de mi barrio escuché que me silbaba el pecho al respirar. Fui al médico entonces, me habló de hacerme unas pruebas, pero quedamos en que me las haría en unos días, porque yo tenía un pequeño viaje programado para las próximas fechas, así que cuando volviese solicitaría las citas, y mientras tanto me recetó unos inhaladores para el asma. Empecé a usarlos... y a los pocos días acudí de nuevo a mi médico de cabecera porque por tres días seguidos había escupido algo de sangre (cada día un poquito más) al lavarme los dientes, y por más que me revisaba la boca, las encías, no me veía heridas. Fue cuando me remitió al ambulatorio. Y allí la chica joven de rayos X me dijo: Estás fatal...

Durante casi seis meses (la idea era darme la forma de ese tratamiento más agresiva: quimio cada 15 días, pero a veces tenía las defensas tan bajas que se tenía que posponer). Estuve recibiendo los 8 ciclos máximos de esa quimioterapia. Al mismo tiempo, acudía habitualmente a un centro donde me daban reiki, otro grupo de personas a las que no conocía me estuvieron también haciendo reiki a distancia, y un amigo terapeuta comenzó a aplicarme cosas que él había estudiado, kinesiología, terapia de polaridad... me habló de las setas reishi o shiitake, que empecé a tomar, y en algún momento también me remitió a un iridiólogo-homeópata... aunque este me recetó cosas que al final me parece que compré pero ni tomé.

Con la primera quimio que me dieron el linfoma reaccionó y empezó a remitir. Primero de una manera espectacular con lo que empezaron a hablarme de que igual con 6 ciclos de quimio podría ser suficiente. Sin embargo luego decreció más despacio. Y me terminaron dando los 8. Al final de los 8 ciclos el PET seguía dando algo de actividad. Pero no se sabía si la actividad correspondía a tejido cicatricial o a enfermedad activa. La quimio que me habían dado era la mejor, eso decían. Y no se me podía dar más, porque con más me mataban, eso dijeron también. Así que se me dijo que íbamos a esperar a ver qué pasaba, repitiéndome pruebas cada muy poco tiempo.

Las primeras y las segundas pruebas salieron bien. La enfermedad estaba quieta. Y se empezó a hablar de posible remisión en mis informes. Pero en abril de 2011, cuatro meses después de finalizada mi quimio, una de las pruebas PET salió mal. Los índices marcaban una captación SUV máx. de 12,5 (antes 2,7, en el PET anterior) en una zona que afectaba a mi pulmón y mi mediastino. El informe hablaba de alta probabilidad de malignidad. Y aquí empieza la historia que en verdad os vengo a contar...

Se me hizo una broncoscopia. Pero no se alcanzó a confirmar resultados con la broncoscopia. Me dijeron que mi lesión estaba en una zona de muy difícil acceso. Mi caso lo llevaba un equipo médico, que incluía entre otros a una hematóloga, que llevaba mi caso, y algún neumólogo. Me di cuenta de que entre ellos no estaban de acuerdo en cómo proceder ante mi caso. Mi hematóloga solicitaba que se me quitase el pulmón derecho, que se confirmase en laboratorio la malignidad de mi lesión, y una vez confirmado, que se me hiciese un trasplante de médula ósea y se intentase tratar mi caso con una nueva quimioterapia. Ella me explicó que el resto de quimioterapias, estadísticamente, no eran tan efectivas, pero que no se sabía, quizás en mi caso podían funcionar. Los neumólogos opinaban que para ellos la operación no era aconsejable. Era muy arriesgada, la cirugía no es efectiva contra los linfomas. Mi tumor, o mi lesión, afectaban a mi pulmón, a mi mediastino, a mi nervio frénico, al que habían paralizado por lo que la lesión no iba a poder extraerse con una cirugía, y dados los riesgos, para ellos era mucho más recomendable directamente dar quimio sin plantearse más.

Tras 4 meses desde el final de mi quimioterapia, yo ya sentía todos los efectos secundarios en mi cuerpo de ese tratamiento. Entre otras cosas, se me había diagnosticado una enfermedad autoinmune, el lupus, que puede llegar a inflamar cualquier parte de tu cuerpo y ser mortal, y esto como consecuencia de los tratamientos recibidos, los propios médicos lo reconocieron. Además, cómo explicar, la angustia, el pánico, el shock en que te quedas, cuando te dicen que te quieren quitar tu pulmón y que vivas sin él el resto de tu vida. Yo me veía incapaz de afrontar todos esos tratamientos. Si no me mataban los mismos, me iba a morir yo de un simple infarto, del miedo que me daba pensar en todo eso. Intenté que mi hematóloga me explicase por qué la necesidad de operarme, si desde el principio me habían dicho que los linfomas no son operables. Yo quería a toda costa evitar una operación similar. Parece ser que mi doctora estudió mucha medicina, pero olvidó la humanidad por el camino. Y no tuvo paciencia para explicarme. Tu vida en juego, en manos de esa gente, tú, tu familia, sin pegar ojo, a expensas de unos resultados... y esos médicos que no tienen un minuto para darte una explicación. Me negué a operarme, le pedí tiempo, le dije que iba a intentar otras cosas y pedir resultados pasados unos días. La médico me llamó loca. Salí de la consulta avisándole de que iba a solicitar un cambio de médico y ponerle una reclamación, cosa que hice, con lo que me quedé sin médico, y sin explicaciones, en esas fechas... y sin saber los riesgos que asumía, porque no me informó. Los neumólogos, aunque no estaban de acuerdo con operarme, finalmente habían acatado la imposición de mi hematóloga. Ella se negaba a darme más quimio sin previa operación. Yo sentía que no sabían cómo repartirse el muerto los unos a los otros...

Salí de la consulta sin saber qué iba a hacer. Los médicos habían decidido que había que operarme, confirmar los resultados en laboratorio, y hacerme el trasplante y la nueva quimio. Para los neumólogos estaba claro que una operación confirmaría la malignidad, pero bajo su propio punto de vista no la recomendaban. Me dieron unos 15 o 20 días hasta repetirme nuevas pruebas, y se me informó que se me asignaría un nuevo médico. Yo me fui a mi casa en estado de shock, blanca y en alerta, sin saber qué hacer, presa del pánico y también creyendo que había otra solución, otra opción, que tenía que encontrarla. Confiaba en las plantas, no sabía cuál tomaría, tenía que investigar, pero ya había observado para otras dolencias que podían ser mucho más efectivas e inocuas que los fármacos. Y sabía, en lo más profundo de mí, la relación que tiene esta enfermedad con el aspecto emocional, psíquico, vital, energético, relacional, con la toxicidad a veces del entorno y con todas esas emociones que nos permitimos sentir y que no sabemos a veces cómo gestionar. Decidí calmarme, respirar profundo, alejarme de las últimas discusiones familiares que se habían producido y que tanto me afectaban, decidí decirle al Universo que entendía de nuevo su mensaje, que sí, que lo entendía, que había sido un desliz enfrascarme de nuevo en aquellas discusiones, en ese estado. Le pedí al Universo con todo mi corazón que me diese de nueva una oportunidad, le prometí que haría las cosas de otra manera. También asumí que pasaría lo que tuviese que pasar. Y que si era mi hora, alguna vez nos llega, qué triste, pero lo aceptaría en paz. Y decidí meterme en internet en busca de la planta que podría tomar como refuerzo a toda esa comprensión sanadora de las cosas.

Intenté el preparado con Aloe de fray Romano. Licué los ingredientes, lo tomé, lo guardé en la nevera. Pero cuando quise volver a tomarlo... la mezcla había tomado un color negruzco. No supe si se había oxidado, si era normal, si se había dañado. El color era feo, y por miedo, lo dejé de tomar. Descubrí por internet, también,... que en A Coruña tenemos a uno de los mejores equipos médicos de cirugía de pulmón del mundo, que operan con técnicas de cirugía mínimamente invasiva. Solicité una cita con ellos, me atendieron, viéndome dos días. Ellos me indicaron igualmente, que mi situación era muy complicada, mi lesión muy difícil de extraer. Me aconsejaban que se me diese quimio directamente, pero si mi hematóloga se negaba estaban dispuestos a operarme ellos. No podían asegurarme la cirugía mínimamente invasiva, podrían intentarlo, y quizás durante la operación tendrían que abrirme por completo. En A Coruña yo viví de pequeña. Me fui a ver el mar, que siempre me ha sanado. Un mar que me recuerda a mi abuelo, que fue marinero allí. Decidí que de operarme, aquel sería un buen lugar, viendo aquel mar, aquel océano bravío. Que en caso de morir, también allí, sería un buen lugar. Pero aun así, yo no quería operarme. Aunque en todo caso, esta opción me dio tranquilidad.

De vuelta a Madrid, empecé a ver a una terapeuta que me recomendaron. Ella había pasado por un cáncer muy agresivo años atrás. Hablábamos mucho, me hacía reiki, me daba flores, trabajaba con el péndulo, con cuencos tibetanos, me ayudó a resolver uno de mis grandes conflictos vitales, y trabajó aquellos días conmigo intentando hacerme aceptar lo que decían los médicos, convencida de que finalmente yo me tendría que operar...

Un día, entonces... sucedió para mí el milagro. Quedamos una tarde en casa de unos amigos. Mi amiga me preguntó: ¿Cómo estás? En relación a esto del cáncer. Le conté: Los médicos quieren hacerme todo esto, yo he pedido tiempo, pensando en tomar plantas, y aún no sé qué planta puedo tomar. Su novio (cubano) nos escuchaba. Y entonces él me dijo: "A mi padre años atrás le detectaron un cáncer de próstata, le dijeron que le tenían que operar, mi padre le dijo al médico que no se operaba, él conocía el árbol de la guanábana, de hecho tenía uno en su patio y sabía que se utilizaba para curar el cáncer. Empezó a tomar el té de las hojas de la guanábana. Cuando volvió al médico, el cáncer había desaparecido".

Yo no me lo podía creer. Aquello era un testimonio de primera mano, de una persona cercana. No era un testimonio de un desconocido en internet que no sabes ni cómo rastrear. Me quedaban no sé si 7 o 10 días para repetirme las pruebas. Enseguida busqué la planta en forma de extracto en el herbolario. Y empecé a tomar Graviola (Guanábana) 6 cápsulas (500 mg) diarias + Uña de gato 3 cápsulas diarias (antitumoral también, y que regula el sistema inmunitario) + Unas ampollas bebibles que llevaban diversos minerales y vitaminas fundamentalmente y algún componente más. La cuestión era reforzar, fortalecer, el sistema inmune. Porque el cuerpo es capaz de mucho más que las quimioterapias, que se dedican a matar lo que se encuentran por delante.

Cuando volví al médico a por los resultados de mis pruebas, tras el tiempo que me habían dado, tras los 7 o 10 días tomando aquellas plantas, y con el corazón en vilo, el nuevo oncólogo que me vio puso los ojos como platos al verme. Me dijo: "No esperaba verte por aquí". Fue cuando me enteré, a esas alturas, pasados 15 días, me daban por muerta.

Abrimos los resultados de mi PET. La sorpresa fue que tras 7 o 10 días tomando aquellas plantas, más el reiki, más mis conversaciones con el Universo, tras ese tiempo de volver a hacerme consciente de la importancia de la respiración profunda y del sosiego emocional y de tomármelo en serio, porque en ello me iba todo: LA VIDA. La sorpresa fue, que yo solo no estaba muerta a esas alturas
sino que la captación en mi PET se había reducido a la mitad. El oncólogo me dijo: "No sé qué estás tomando, pero sigue tomándolo" Yo intenté explicarle: He tomado guanábana y uña de gato, pero ni siquiera me miró, ni apuntó el nombre de las plantas. Seguí tomando las plantas hasta completar los 30 días. Mi enfermedad desapareció por completo. Sin cirugía de pulmón, sin transplante, sin quimio.
No tengo duda, que si me hubiesen operado, alguna célula cancerígena habrían encontrado ahí, que habría justificado toda aquella tortura posterior. En el informe de mi PET, y los distintos neumólogos, tampoco la tenían.
Han pasado casi seis años de todo aquello, desde que en mayo del 2011 se confirmó la remisión espontánea de mi enfermedad. Hace varios años que no he vuelto a pisar el médico y no me hago revisiones. No tengo la menor duda de que hay mil formas mejores, más efectivas y mucho menos dañinas de enfrentarse a un cáncer que someterse a los tratamientos tan agresivos que la medicina occidental propone y que ataca a todo nuestro organismo (lo curioso es que los que hacen estudios en los distintos laboratorios, lo saben de sobra también. Cuando empiezas a revisar estudios en PubMed te das cuenta, cómo uno y otro estudios confirman muchas veces -cuando lo estudian- que la planta es más efectiva que un fármaco concreto). Es estresante de repente darte cuenta de que aquellos en los que confiabas tu salud si algo te pasaba, ya no confías en ellos, en todo este sistema, y ahora depende de ti y de esta increíble naturaleza que nos da todo lo que necesitamos. Por suerte hay apoyos, testimonios, gente, arriesgando mucho, para hacerlo saber. Y lo más difícil, quizás, es creer en uno mismo, no tener miedo, y asumir la responsabilidad de la decisión. Pero yo tengo claro el camino que he tomado. Y ahora sé las emociones y toxicidades vitales que no me puedo permitir y que claramente estuvieron ligadas a la manifestación de mi enfermedad, sé los alimentos y varias de las plantas a los que puedo recurrir en un momento dado. No me permito relaciones tóxicas. El cáncer vino a despertarme para decirme: Ámate, ama la vida, cada segundo, agradece el presente, lo único que existe, este ahora, este cielo, este sol, no albergues victimismos ni emociones destructivas que solo te dañan a ti, despréndete, de todo lo que te hace daño, no te apegues, vive tu vida, toma tu poder, tienes derecho, exprésate, sé, y siéntete conectado a todo lo demás, porque todo es uno, y no te atormentes con tu psique, deja que te guíe el corazón y acalla esa mente que a veces tanto te daña, y esas voces en tu mente que no son tuyas y que te están destrozando, las de aquellos que te hirieron con sus palabras. Tantas cosas se aprenden con un cáncer. Esas, básicamente, son las formas en que sostengo mi salud. Puntualmente, si he manifestado algún síntoma (ganglios inflamados, etc) en alguna ocasión, breve, he tomado plantas otra vez. Es lo único que hago. Eso... y saber, que si mi vida emocional está "tranquila", mi vida celular, sin duda, lo estará también.

Confiad en el Universo, Sentíos, Amaos, Amad la vida, Todo está bien.

Sofía
conlafuerzadelguerrero@gmail.com
Madrid